LA ESPONTANEIDAD, LA INICIATIVA Y LA AUTONOMÍA EN LOS NIÑOS
PEQUEÑOS.
Winnicott invita a los padres y cuidadores
a pensar como los bebés desarrollan su interés por algo atribuyendo gran
importancia al adulto disponible. No sólo destaca la importancia de la participación del
pequeño, sino que advierte a los adultos sobre la necesidad de dedicarle tiempo
para obtener y esperar las acciones y reacciones de los niños.
Para que el bebé pueda desplegar
su iniciativa, deberá encontrarse con un medio ambiente humano sensible y
disponible a recibir tanto lo que el pequeño trae como la forma de ponerlo en
acción. Ricardo Rodulfo, expresa que el ser humano posee, desde que nace, dos
capacidades que nunca debieran perderse para lograr un desarrollo emocional
saludable:
La capacidad para el
asombro:
está en la base del impulso y la curiosidad. Mantiene viva la espontaneidad, ya
que impulsa al niño a conectarse con lo que está a su alcance, lo estimula a explorar.
La capacidad de
experienciar: ese impulso lo lleva a crear sus propias experiencias y
sostener las actividades.
Éstas dos capacidades pueden ser
dañadas o anuladas por diversas actitudes de los adultos:
·
Una actitud fría y distante hacia el niño, en
forma habitual.
·
La exposición permanente a estados de angustia,
que anulan la aparición de momentos placenteros.
·
Bajas exceptivas del pequeño, es decir, de su
persona. Nunca se esperara nada bueno de él.
Rodulfo sostiene que el bebe nace
con potencialidades, pero sin experiencias, impulsado por el asombro irá
construyéndolas.
Todas aquellas estrategias de crianza
que intervienen interfiriendo, o peor aún destruyendo la formación de
experiencias propias las llamamos desapropiación.
Puede darse:
·
Desapropiarlo de su autonomía: haciendo siempre
algo que él es capaz de hacerlo por sí mismo.
·
De su deseo: imponiéndole el deseo de sus padres.
·
De su actividad
·
De la posesión de su cuerpo, manipulándolo como
objeto.
¿Qué hombre y por lo
tanto qué niño queremos ayudar a ser y a crecer? ¿Un sujeto autónomo, libre,
con confianza en sí mismo y solidario, o un ser dependiente del reconocimiento
del Otro?
Debemos considerar que el bebé es
un sujeto de acción y no de reacción. El adulto es responsable de su crianza y
educación. Su rol debería ser el de atento observador, sostenedor y habilitador
de las iniciativas del pequeño, propiciando ambientes ricos y seguros en los
que el niño pueda ejercitar sus propios movimientos, enriqueciéndolos y complejizándolos.
Maqueira, Lidia S.( 2007) El desarrollo emocional del niño pequeño. Ediciones Novedades Educativas
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